Grandes tradiciones navideñas en Dinamarca

Aunque se puede decir que oficialmente en Dinamarca la cuenta atrás para Navidad comienza el 1 de diciembre, los daneses no se andan con chiquitas y prácticamente desde casi un mes antes (cuando todavía no ha acabado Halloween) la ciudad comienza a vestirse de rojo para dar la bienvenida a las muchas tradiciones que se celebran durante estas fechas en el país escandinavo. Veamos algunas de ellas:

1. J-Day: es verdad que en los supermercados del país se encuentran productos navideños desde finales del mes de octubre, pero el verdadero pistoletazo de salida de la Navidad tiene lugar el J-Day, que no es nada más ni nada menos que el día en el que la compañía Carlsberg lanza su cerveza de Navidad, la Julebryg. En este día en particular, que suele celebrarse el primer viernes de noviembre, lo que encontrarás en las ciudades danesas es mucho adolescente borracho (y no tan adolescente) luciendo gorro de Papá Noel (en este caso azul debido al color de la Julebryg) y haciendo cola en los bares de la ciudad para beber unas cervezas gratis. 

2. Los adornos navideños: la decoración navideña en las calles de las ciudades danesas no es nada del otro mundo, acostumbrados a ese derroche de luces de colores que podemos ver en ciudades como Madrid, aquí lo más que puedes encontrar son guirnaldas decoradas con escasas luces y muchos corazones.

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De puertas para dentro la cosa cambia bastante, puesto que la mayoría de los hogares se decoran con mucho mimo y esfuerzo, siendo incluso común reunirse en familia para hacer manualidades navideñas, como el famoso corazón de papel rojo y blanco (colores nacionales) que abunda por todos lados (incluso el árbol de navidad de la plaza del ayuntamiento está decorado con estos corazones recortables).

La mitología nórdica también está muy presente en estas fechas, así es común decorar las casas con gnomos y setas, lo que desde los ojos del extranjero hace especial a los hogares.

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En cuanto al famoso árbol de navidad, en el caso de Dinamarca se hace esperar un poquito, ya que la tradición manda comprar el abeto prácticamente el mismo 24 de diciembre, el cual será decorado con velas para bailar y cantar a su alrededor esa misma noche.

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3. La cena de Navidad del trabajo, el Julefrokost. Sí, ya sé que esto no es una tradición que sólo se pueda atribuir a los daneses, ya que en todos los lugares del mundo celebramos nombrados banquetes de Navidad, pero como lo celebran los daneses, pocos.

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Aquí este esperado festejo es conocido como el Julefrokost, o lo que viene a traducirse como la comida de Navidad. A mediados de noviembre las invitaciones a la comidas danesas de Navidad comienzan a sucederse: la de la oficina, la del equipo de fútbol, la del grupo de ballet de tu hija, la de los amigos de toda la vida… Se puede decir que comienza una época cargada de compromisos que en contadas ocasiones podrás rechazar.

Lo realmente propio del julefrokost danés son los cuernos, sí los cuernos, pero no los de los renos sino los que se ponen entre parejas. Parece ser que uno de cada cinco daneses ha tenido un affaire con alguno de sus compañeros de trabajo en esta señalada fiesta. De hecho, el ratio de divorcio aumenta estrepitosamente tras la Navidad.

4. Los mercados navideños: una de las cosas más interesantes del país son sus mercados navideños. En algunas de las plazas más emblemáticas de la ciudad, también en el parque de atracciones Tivoli y en la ciudad libre de Christiania, puedes encontrar puestos en los que se vende cosas relacionadas con la Navidad, desde decoración a comida. 


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Mercados de Navidad en Copenhague

Hace unos días desperté con espíritu navideño y decidí que era hora de pasear por las calles de Copenhague para husmear un poquito en alguno de los mercados de Navidad que abundan por la ciudad.

Uno de los más bonitos es el mercado de la plaza Højbro. La increíble fotografía que se puede apreciar desde su entrada por la calle Strøget, con el palacio Christianborg Slot al fondo (donde se encuentra el parlamento), no tiene precio.

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Aquí puedes encontrar algunas de las cosas más típicas de la Navidad en Dinamarca, pudiendo disfrutar entre otras muchas cosas de una copa de gløgg, que no es otra cosa que vino caliente aromático (suena mal pero sabe bien). Incluso si tienes un poco de morriña puedes comprar unos churros con chocolate receta española.

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También venden ropa de invierno (abrigos, calcetines, gorros, guantes…); adornos navideños, entre ellos los graciosos gnomos escandinavos; o pinos de Navidad.

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Otro de los mercados más interesantes de CPH es el que se encuentra en la plaza Kultorvet, cerca de la estación de Nørreport.

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Aunque cuenta con más o menos el mismo tipo de puestos que el anterior (en general todos los mercados tienen las mismas cosas), lo interesante de éste es el carrusel de motos de los años 30 que se sitúa en mitad de la plaza. La verdad que apetece volver a ser un niño y disfrutar de una vuelta en este colorido aparato.

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Y así soñando con volver a ser pequeña me dieron las 15:30, y con las 15:30 llegó la oscuridad y el día no dio para mucho más. De todas formas tampoco es recomendable, si quieres disfrutar la Navidad durante todo el mes de diciembre, devorar en un solo día todos los mercados que proliferan por la ciudad. Por lo tanto, la próxima mañana que me despierte con la Navidad en la cabeza tendré que visitar el mercado de Tivoli, el parque de atracciones que se sitúa en el centro de Copenhague, y el de la ciudad libre de Christiana, que según los daneses es uno de los más interesantes.

Adiós mi querida bibicleta

Aunque a simple vista Copenhague puede ser una ciudad un tanto aburrida, donde parece que nunca pasa nada y sus habitantes viven contentos en sus perfectas casas con sus perfectas vidas, nada más lejos de la realidad. En Copenhague he tenido algunas de las experiencias más extremas de mi vida. Sin ir más lejos, esta misma mañana fui víctima del segundo robo de mi segunda bicicleta, sí, mi segunda bicicleta.

Todo parecía indicar que iba a ser un día normal, un poco soleado para encontrarnos en la segunda quincena de septiembre, pero nada fuera de lo común. Me desperté más o menos a la hora de siempre, desayuné y malgaste mi tiempo en Internet (el pan de cada día). Lo único que se alejaba un poco de mi rutina era que tenía una reunión con mi mentora danesa a las 12:00 en una céntrica cafetería de la ciudad.

Fui puntual, más que puntual llegué 5 minutos antes de lo acordado. Aparqué mi bicicleta en frente de la cafetería, puse el candado, me aseguré de que había puesto el candado y me olvidé del tema hasta una hora después, cuando con mi mentora al lado, y hablando precisamente sobre bicicletas, me encontré con la grata sorpresa de que la mía había desaparecido.

Como no soy nueva en esto, con ésta ya son dos veces en menos de 6 meses en las que me roban una bicicleta, mantuve la calma con la mejor de las sonrisas (ya la perdí exageradamente en el primer robo). Solo después de despedirme de mi mentora, y mientras caminaba a casa, maldije a todos los ladrones de Copenhague y me pregunté unas quinientas veces “¿por qué a miiiiii????”.

Y es que, desde que un vendedor despiadado (digo despiadado porque fui engañada vilmente) me vendió por 1300 DKK mi trastajo, han sido muchos los buenos momentos que mi destartalada bicicleta y yo hemos pasado juntas. Y sí, ya sé que esto es Copenhague y que las bicicletas cambian de dueño rápidamente, pero me resisto a creer que mi trasero se trendrá que acostumbrar a otro asiento. 🙂

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Mi bicicleta y yo en una de nuestras escapadas danesas del verano 2014. Foto: KF

I am from Spain

No es que el inglés fuera totalmente desconocido para mí cuando llegué a Dinamarca. Se supone que había estudiado el idioma en España durante casi toda mi vida, había viajado, incluso había pasado 3 semanas en Irlanda haciendo uno de los famosos cursos financiados por el estado español. Aun así, sea como fuera no se notaba. No entendía nada de lo que me decían y no podía articular palabra coherente que mi interlocutor pudiera entender… una desesperación. De hecho, es posible que en ese mismo momento naciera, casi sin saberlo, la expat desesperada.

Había llegado no hacía más de dos semanas cuando decidí (más bien mi marido decidió por mi) que tenía que tomar un curso de inglés rápidamente. Se supone que yo me encontraba en el nivel intermedio, el eterno nivel intermedio de inglés en España, pero cuando me presenté en la escuela en la que iba a comenzar a estudiar, la recepcionista comenzó a hablarme en inglés (¡obvio! ¿¡qué esperaba yo, que me hablara en español!?). Mi cara era todo un poema, miraba a mi marido buscando una traducción y me preguntaba dónde me había metido al venir a Dinamarca. Sin mucha dificultad (¡estaba más claro que el agua!) la recepcionista se percató de que no entendía ni una palabra y me dijo que nada de nivel intermedio, que si no entendía preguntas básicas sobre el procedimiento para comenzar a estudiar, cómo iba a estudiar en ese nivel. Puerta cerrada. Y así mi nivel intermedio de inglés en España se convirtió en un nivel pre-intermedio bajo de inglés en Dinamarca. ¡Qué lío más grande!

Y toda esta introducción para contar cómo fue mi primer día de clase. Nerviosa como de costumbre cuando no me siento en mi salsa, llegué a la clase número 3. Una clase pequeña, cómoda, hogareña… hyggelig (como dicen los daneses) o cosy (como dicen los ingleses). En definitiva, un lugar confortable. Fuera, nevaba. Ese primer invierno no paró de nevar en Copenhague.

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Febrero 2013 en Copenhague. Nieve todos los días. Foto: MGH

Creo que fui la primera en llegar al aula, me senté y esperé a ver que se cocía en los próximos minutos, siempre repasando mi presentación, el básico “I am María, I am from Spain and I have been in Denmark for … whatever!!! (Esta presentación ahora sale de mi boca de la forma más natural del mundo, pero en aquel momento yo carecía de toda espontaneidad para esto de hablar en inglés). En eso, que estaba yo sentada en mi silla memorizando mi presentación, cuando una señora mayor, que más que alumna parecía profesora, entró en la clase y comenzó a hablarme en inglés. Yo me puse más nerviosa de lo que ya estaba, en cuestión de segundos, o milésimas de segundos, muchas preguntas se agolparon en mi cabeza (todas ellas en español): “¿quién es esta mujer? ¿qué me está preguntado? ¿qué quiere de mí?…¡Ohhh my God! ¿qué quiere de mí?” (ésta dos veces). En la última milésima de segundo no se me ocurrió mejor respuesta que: “I am from Spain”. Tierra trágame, pensé en ese momento. ¿Por qué I am from Spain? ¿no hubiera sido más razonable I am María, from Spain and I don’t understand, could you repeat please?? No lo sé, cualquier cosa lógica, que nunca hubiera sido lógica porque no tenía ni idea de lo que me estaba preguntando o contando. Ni siquiera sabía si la dichosa mujer había entonado para preguntar.

Durante este año y medio he analizado varias veces este pequeño Vietnam personal. Y la única razón que encuentro a esa incoherente respuesta es que en una de esas milésimas de segundo pensé: “si digo que soy de España ella va a entender perfectamente que mi nivel de inglés es un nivel intermedio a la española, un nivel pre-intermedio a la danesa y un nivel principiante a la inglesa”. Está claro que yo quería expresar que no tenía ni idea de inglés y como los prejuicios nos acompañan allá donde vamos, pensé que esa mujer polaca, que vivía en Dinamarca hace 30 años y que probablemente no sabía nada de España, iba a tener en su cabeza el estereotipo de que los españoles somos pésimos con los idiomas. 

Lo más chistoso de toda la historia es que la mujer nunca olvidó ese “I am from Spain“, ya que siempre que se hablaba de mí, o me tocaba hablar a mí, ella decía ” yeahhh, She is Maria, from Spain”. 🙂